Molina García de Arias: el pintor republicano que retrató la guerra y triunfó en París

El pintor Jesús Molina García de Arias, formado en Madrid y pensionado en Roma, expuso su obra sobre la Guerra Civil en París en 1937. Hoy cuelga en el Reina Sofía.

Cristina Domingo
Cristina Domingo
· 2 min de lectura

El pintor zamorano, formado en Madrid y pensionado en Roma, expuso en la Exposición Internacional de París de 1937. Sus obras cuelgan hoy en el Reina Sofía.

Jesús Molina García de Arias (Cerecinos de Campos, 1903 - Madrid, 1968) es uno de esos artistas cuya biografía no puede separarse de la historia que le tocó vivir. Pensionado en la Academia de España en Roma durante la Segunda República, pasó de pintar desnudos a retratar la tragedia de la Guerra Civil, según recoge Diario Sabemos.

Su obra participó en la Exposición Internacional de París de 1937, y algunas piezas, como Desnudos (1932-1935), pertenecen hoy al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Tras la guerra, reconstruyó su carrera hasta obtener el Premio Nacional de Pintura.

Nacido el 2 de octubre de 1903 en la provincia de Zamora, su familia se trasladó a Ciudad Real, donde comenzó su vocación. A los 13 años ya estudiaba Dibujo Artístico en la Escuela de Artes y Oficios, y recibió clases del pintor manchego Ángel Andrade Blázquez, a quien retrataría años después.

En 1917 la familia se instaló en Madrid. Molina estudió en el Museo de Reproducciones Artísticas y, desde 1919, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde copió a Murillo, Ribera y Velázquez. También recibió formación privada de Fernando Álvarez de Sotomayor.

En 1932 ganó por oposición una pensión para la Academia de España en Roma, donde profundizó en el desnudo y estudió los frescos renacentistas. Allí pintó Desnudos, una de sus obras tempranas más importantes, conservada en el Reina Sofía.

La Guerra Civil interrumpió esa etapa. Molina, comprometido con la República, sustituyó la belleza del cuerpo por soldados, trincheras y muertos. Esa producción bélica se exhibió en París en 1937, en plena contienda.

Tras la guerra, el artista madrileño recuperó la figura humana y el color. Su obra madura, centrada en escenas cotidianas, le valió el Premio Nacional de Pintura y consolidó una carrera que se extendió hasta su muerte en Madrid en 1968.

La trayectoria de Molina permite recorrer cuatro décadas de arte español, desde la formación académica hasta la posguerra, siempre con una mirada atenta a las personas, como demuestran sus retratos y escenas de la vida diaria.

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