Antonio Acedo Meneses, de 36 años, conducía el AVE de Renfe que alcanzó a un tren de Iryo detenido en la vía este miércoles en Toledo. Murió en la cabina. Con el otro tren delante, su última decisión fue frenar con todo lo que tenía para salvar al mayor número posible de personas.
Eran las 08:54 horas del 28 de octubre, en el punto kilométrico 118 de la línea Madrid-Sevilla. Según los primeros datos conocidos, nadie le avisó de que el Iryo seguía parado. Cuando lo vio encima, accionó desesperadamente el freno de emergencia para reducir la velocidad todo lo posible antes del impacto.
Ese gesto es el que hoy recuerda media España. En los dos trenes viajaban más de 500 pasajeros. Los homenajes que se han multiplicado desde el miércoles coinciden en lo mismo: aun sabiendo el peligro, Antonio intentó frenar con todos los medios para salvar el mayor número de vidas posible. Para sus compañeros, para muchos viajeros y para quienes lo conocían, Antonio Acedo es el maquinista que salvó cientos de vidas. Una de las despedidas más compartidas lo resume en pocas palabras: un héroe y un gran profesional.
Él no tuvo esa oportunidad. Ir en primera línea, en el morro de un tren que chocaba de frente con otro, dejaba esperanzas mínimas desde el principio. Sus allegados pasaron horas esperando una confirmación que llegó el jueves. En la cabina viajaba también el maquinista en prácticas David Cabañas, que tampoco sobrevivió.
Tres generaciones en la vía
Antonio no llegó al tren por casualidad. Nació en Móstoles en 1990, hijo de un maquinista y nieto de un eléctrico de Renfe, y creció siempre cerca del ferrocarril. En 2012 empezó los estudios de maquinista, un camino que le llevó a vivir en Barcelona.
Tenía otra forma de mirar los raíles. Era fotógrafo, y entre sus series figuran La vida del maquinista I y Paisajes desde el tren (Origen), nacida en 2016 en sus viajes en AVE entre Madrid, Barcelona y Valencia. Fotografiaba el país desde un lugar que casi nadie ocupa: el asiento del conductor.
También le preocupaba la seguridad de lo que conducía. Había advertido de problemas de mantenimiento, financiación y deterioro de las infraestructuras ferroviarias, y colaboró en el programa de transportes de Izquierda Española, partido del que era militante. La formación lo despidió con un mensaje que hoy repiten muchos: “Antonio era persona excepcional, un hombre bueno, prudente y comprometido”. Su fundador, Guillermo del Valle, lo definió como alguien “prudente, amable y ejemplar”.
Quienes lo trataron hablan de una persona de las que mejoran los sitios por los que pasan, de una generosidad que deja huella. El miércoles esa generosidad cupo en un solo movimiento de la mano sobre el freno.
España guarda estos días tres días de luto oficial. La investigación determinará qué falló en la vía y cuánto pesó ese frenazo en el balance final. Para cientos de familias que hoy pueden abrazar a los suyos, la respuesta ya tiene nombre.

